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Digitalización y cooperativismo: desafíos y oportunidades en el medio rural de Castilla-La Mancha

 

Para analizar cómo la digitalización impacta en Cooperativas Agro-alimentarias de Castilla-La Mancha desde la óptica de la Economía Social y Solidaria (ESS), resulta esencial evaluar su realidad actual frente a modelos más avanzados como el cooperativismo de plataforma o el procomún digital. A día de hoy, la tecnología en la organización funciona principalmente como una herramienta instrumental; es decir, un soporte valioso para la gestión y la formación, pero sin desplazar el modelo de negocio tradicional hacia lo puramente digital. Esta utilidad práctica se manifiesta en tres ejes: primero, en el asesoramiento agrícola, donde aplicaciones web permiten supervisar casi mil explotaciones y digitalizar los cuadernos de campo, facilitando la gestión de más de 11.000 expedientes de la PAC. Segundo, mediante su Campus Virtual, que ofrece formación online y mixta en competencias que van desde la logística hasta la prevención de riesgos. Finalmente, en la digitalización comercial, ayudando a las cooperativas de la red a gestionar su presencia en redes sociales para reducir la brecha entre el entorno rural y el urbano.

Respecto a las oportunidades para ampliar su impacto social, el tamaño de la entidad, con 585 cooperativas y 158.000 familias, ofrece un potencial inmenso para implementar modelos de cooperativismo de plataforma. Una oportunidad crítica es la creación de un mercado social digital que conecte a los productores con el consumidor final mediante circuitos cortos, inspirándose en modelos como Katuma. Esto no solo reduciría las emisiones de CO2, sino que permitiría a los agricultores capturar un margen de beneficio superior al del punto de venta final, protegiendo la viabilidad económica de las explotaciones más pequeñas. Asimismo, la digitalización facilitaría una visualización transparente del impacto ecosocial, mostrando datos agregados sobre la huella de carbono y el valor social generado.  Por último, herramientas de mensajería organizadas por nodos territoriales podrían descentralizar la comunicación, fomentando el apoyo mutuo y la participación activa.

Sin embargo, esta transición conlleva riesgos vinculados al capitalismo de plataforma. Un peligro evidente es la política de datos cerrados, donde se genera información masiva sin que las familias tengan gobernanza sobre sus propios datos. A esto se suma la dependencia tecnológica, al supeditarse a servidores comerciales de grandes corporaciones en lugar de infraestructuras éticas. Además, han surgido nuevas preocupaciones críticas como la vulnerabilidad ante ciberataques o la obsolescencia tecnológica si no hay una inversión constante. Pero, sin duda, el mayor desafío es la brecha digital. La adopción tecnológica puede excluir a personas con menores recursos o formación, reproduciendo desigualdades de género o generacionales si no se acompaña de procesos de formación accesibles y humanos.

Para alinear esta evolución con los valores de la ESS, la entidad debe apostar por estrategias de digitalización soberana. Esto implica fomentar la gobernanza participativa mediante software libre como Decidim, permitiendo que las decisiones se tomen de forma asamblearia a pesar de la dispersión geográfica. También es vital impulsar el procomún digital creando repositorios de datos abiertos (Open Data) bajo licencias Creative Commons para compartir conocimientos sobre suelos o mercados. Esta transparencia debe culminar en sistemas de trazabilidad en su web que certifiquen el origen cooperativo y el bajo impacto ambiental de sus productos.

Finalmente, para asegurar la independencia financiera, el recurso al matchfunding permitiría impulsar proyectos digitales mediante el apoyo comunitario y público, evitando la dependencia de inversores de capital riesgo y garantizando que la tecnología siga siendo un motor de arraigo territorial y justicia social.

Comentarios e incorporación de mejoras:

Gracias a los comentarios de mis compañeros me ha permitido enriquecer este análisis con matices importantes. He integrado una visión más profunda sobre la viabilidad de los circuitos cortos, destacando que eliminar intermediarios no solo reduce emisiones, sino que asegura un margen de beneficio superior para el productor. Asimismo, he reforzado el bloque de riesgos técnicos incluyendo la vulnerabilidad ante ciberataques y la obsolescencia del software. Respecto a la soberanía tecnológica, las aportaciones de mis compañeros me han llevado a concluir que la digitalización en el mundo rural debe ser un proceso gradual y apoyado en formación accesible, garantizando que las cooperativas más pequeñas no queden excluidas. En definitiva, me ha servido para reafirmar que la tecnología en la ESS debe actuar como un motor de arraigo territorial y una herramienta de empoderamiento democrático para todas las familias socias

Referencias bibliográficas:

Debate0en Digitalización y cooperativismo: desafíos y oportunidades en el medio rural de Castilla-La Mancha

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